Después de haberse mantenido en la vanguardia internacional del judo, el aragonés Sergio Domenech deja los tatamis para desarrollar la dirección deportiva de un club en Valencia y practicar la fisioterapia.

Un deportista completo, Sergio Domenech
MIGUEL GAY. Zaragoza | Después de haberse mantenido en la vanguardia internacional del judo, el aragonés Sergio Domenech deja los tatamis para desarrollar la dirección deportiva de un club en Valencia y practicar la fisioterapia.
PREGUNTA.- Hay que decirle adiós.
RESPUESTA.- En enero pasado decidí dejar de competir. Era una decisión que no estaba muy clara a finales del año pasado, pero, tras un cúmulo de circunstancias, pienso que fue la mejor opción. Y ahora no me arrepiento.
P.- ¿Se va con alguna espina clavada?.
R.- En lo deportivo, posiblemente, sí. He tenido un nivel muy bueno en mi deporte, en el judo, y podía haberse visto recompensado por lo menos con una presencia olímpica. Y quién sabe si haber hecho un buen resultado. Las circunstancias, sin embargo, no me permitieron ir. Me marcho con esa espina. En lo demás, no: el trabajo que desarrollo en Valencia me gustaría haberlo desarrollado en mi tierra, pero no es posible.
P.- Tuvo la oportunidad de tocar el cielo del judo en París.
R.- En el judo, ese torneo, el Villa de París, es el más importante, tras un Mundial o unos Juegos. Tiene muchísimo prestigio. Y siempre hay un antes y un después en cualquier judoca que gana ese torneo. Y a mí me ocurrió lo mismo, aunque mi carrera deportiva no sólo se circunscribe al Villa de París, sino a muchos otros resultados, que me permitieron colocarme en la elite del judo en mi categoría en esos dos años.
P.- ¿Y a dónde viaja la cabeza cuando se está ahí arriba?.
R.- Es una pasada: se me ponía la carne de gallina, tanto a mí como a muchas personas que me acompañaron, empezando por mi entrenador, José Ángel Guedea. Fueron unas sensaciones que no se pueden borrar.
P.- Después, se dio un paseo por el infierno, en Roma….
R.- Pasaron un par de años -entre 1998 y 2000- en los que yo no dejé de conseguir resultados, que hacían vislumbrar una olimpiada con aspiraciones muy realistas. Sé que mucha gente de otros países me colocaba entre los aspirantes a las medallas en los Juegos. Pero aquella lesión en marzo del 2000, marcó otra época: de la misma forma que París, hubo un antes y un después de Roma.
P.- Vio de cerca la muerte en aquel tatami.
R.- En realidad, no sé muy bien qué vi en aquel momento. Sé que fue una actuación extrema, muy dura, pero todo ocurrió tan rápido que lo que recuerdo, una vez operado y ya en el hospital fueron las conversaciones con el médico, que eran muy positivas. Fue una tarde muy intensa, en la que me operaron muy rápido y me reconocieron que tardaría en recuperar, pero me aseguraron que había tenido mucha suerte.
P.- Cambian las perspectivas después de aquella lesión….
R.- Se me pasaron muchas cosas por la cabeza: seguir compitiendo, dejarlo… Además de tratar de recuperarme física y mentalmente, aproveché para estudiar mucho y recuperar mi carrera universitaria. Eso me ha permitido otras alternativas en la vida, como dedicarme a la fisioterapia, que es una de las cosas que estoy haciendo, tras retirarme como deportista. Intenté volver al circuito europeo: lo logré a nivel nacional y fue un gran éxito, muy aplaudido y reconocido por las personas entendidas; pero a nivel internacional no tuve tanta suerte ni conseguí lo que esperaba. El círculo se ha ido cerrando y teniendo otras expectativas, creí que era un buen momento para dar carpetazo y pensar en otras cosas.
P.- Se le quebró de esta forma la posibilidad de luchar por una medalla olímpica.
R.- Sé lo que supone para un deportista de elite ser o no ser olímpico: es una vivencia única en el deporte. Yo, por estar circunstancias, no he podido ser olímpico -y no entro en si había o no opciones de lograr medallas, que las había-. Sé que tenía que haber ido a una olimpiada o a dos y no pudo ser. Esa es la realidad.
P.- Rehace la vida en Valencia….
R.- Me hicieron una oferta para convertirme en entrenador de un club nuevo que surgía en Valencia. Varios deportistas apoyaron la idea. Expuse mis condiciones, llegamos a un acuerdo y estoy muy contento de cómo van las cosas. Trabajo en la dirección deportiva del club, en entrenamientos de tecnificación de la Federación Valenciana, en la Federación Española; y lo combino con prácticas de fisioterapia en el Pamesa Valencia.

