En combate a media y larga distancia dirijo mi mirada al triángulo formado por la parte superior del pecho y los hombros. Pero a la vez hay que mantener desenfocada la visión para poder controlar todas sus “herramientas”.
Cabe matizar que en distancias cortas el lugar donde miremos no tiene importancia, ya que la reacción visual ante sus ataques es demasiado lenta, por lo que carece de sentido intentar centrar nuestra visión en sus hombros intentando anticipar un ataque cuando estamos a unos centímetros de nuestro oponente. Sería un suicidio. Por lo que en distancias cortas mejor pasar al ataque, ya no hay tiempo para vigilar los movimientos del contrario.
Después contamos con sistemas táctiles, ya sea de pie como el WT, o en el suelo como el Jiu-jitsu, en donde prácticamente no es necesario utilizar nuestra vista, y todo se basa más en “sentir” los movimientos de nuestro oponente. Todo ello, por supuesto, precisa de un contacto continuo.
Lo de mirar a los ojos es una cosa que nuca me ha gustado, puede servir como guerra psicológica, pero en un combate nos hace difícil controlar por completo al contrario.
Un saludo
