Seguimos este viaje por los principales estilos de Karate al K.O. hablando de un método íntimamente ligado a su creador. Es la única escuela que, pese a ser diferente en diversos aspectos, sigue manteniendo el nombre Kyokushin. Estamos hablando, por supuesto, de Jon Bluming y su Kyokushin Budokai.
Jon Bluming… Verdadera leyenda viva de las Artes Marciales. Es 10º Dan de Karate, 9º Dan de Judo y es asimismo 4º Dan de Bo-Jutsu, Jo-Jutsu, Iai-Jutsu y Kusarigama (Katori Shinto Ryu) y 2º Dan de Kendo. Cualquier maestro japonés de Karate (de contacto, obviamente) de más de 40 años sabe quién es y habla de él con gran respeto. Hombre polémico y controvertido, es de los maestros chapados a la antigua: exigente, duro y sin pelos en la lengua.
La información que sigue ha aparecido en diversas entrevistas y artículos a lo largo de los últimos 15 años, por lo que en algunos puntos la versión del Maestro Bluming difiere en gran medida de otras versiones más “diplomáticas”, tendentes a la leyenda y al mito.
Nacido en Ámsterdam en 1933, se enrola como voluntario de las fuerzas armadas holandesas y participa en la Guerra de Corea bajo mando americano. Herido 3 veces en combate y condecorado, empieza a entrenar Judo tras asistir a una demostración del Maestro Mifune, en 1951. Vuelve a Holanda y decide viajar de nuevo a Japón, para lo que primero pasará algún tiempo en Canadá ahorrando para el viaje.

En Japón conocerá a un americano que tendrá gran influencia sobre su camino marcial: el experto y estudioso del Budo Donn Draeger.
Después de 11 meses entrenando en el Kodokan, pasa a cinturón negro desde el 4º Kyu, después de realizar 75 combates con un dedo del pie roto ante el Maestro Tokio Hirano, que le daría el 3er Dan.
Con Draeger descubriría el Budo tradicional japonés y también el Karate. Es en 1959 cuando comienza su entrenamiento con la J.K.A. en el Karate Shotokan. Según sus propias palabras: “yo me entrenaba con ellos, pero nunca me dejaban hacer combate; me decían que era demasiado peligroso, mortal. De hecho, cuando observaba el entrenamiento de los cinturones negros, me parecían inofensivos y me hacían pensar en un grupo de niños peleándose. Volvía a insistir: quería pelear. La respuesta fue idéntica: el combate es demasiado peligroso. Pasó un mes y ya estaba realmente cansado de aquel juego. Me dirigí a los instructores presentes en estos términos: “Escuchad, alinead a vuestros mejores cinturones negros. Si no los dejo K.O. o los envío al hospital uno tras otro, haced conmigo lo que queráis”. Yo tenía la fogosidad de la juventud y no medía mis palabras. Se me hizo comprender que mis palabras estaban fuera de lugar y que no tenían nada que ver con la tradición del Karate. Les respondí de la manera siguiente: “Vuestro Karate no tiene nada que ver con un arte de combate y no es más que una forma indirecta de ganar dinero basada en la credulidad de individuos ingenuos”. Y concluí diciéndoles que podían irse a… No se movió nadie.”
A raíz de la anécdota que acabamos de contar, Donn Draeger le presenta a Mas Oyama, que había abierto un Dojo en un antiguo estudio de ballet, cerca de la Universidad Rikkyu. En aquella época, Bluming ya era 4º Dan de Judo y Campeón de Europa amateur.
Con Oyama, el joven Bluming encuentra el método que mejor se adapta a su carácter y sigue sin descanso las clases del Oyama Dojo. Como él mismo recuerda: “Oyama sintetizaba su estilo al principio sobre una base Goju-Ryu de la escuela de Gogen Yamaguchi, pero claramente influenciada por el contacto, las proyecciones y la respiración. Kurosaki sensei estaba allí. Golpeábamos ya sin control sobre todo el cuerpo. Incluso nos poníamos toallas en las manos para golpear a la cara sin contenernos. Se utilizaba mucho el mae-geri con la pierna adelantada, el kin-geri sin control y ya efectuábamos investigaciones sobre el golpeo con la tibia. Desde que llegábamos al cuerpo a cuerpo, buscábamos el contacto para proyectar. Debo subrayar que sin estos 3 años de práctica cotidiana con Sensei Oyama, nunca hubiese llegado tan lejos. Llevo siempre conmigo la forma en la que me enseñó el Karate durante esos años.”
Era una buena época, sin duda. La gestación del Kyokushin como método de combate, según Bluming, no fue cosa solamente del Maestro Oyama, sino que también intervinieron de forma decisiva Kenji Kurosaki y el mismo Bluming para el combate y para el programa de cinturón negro. Parece que Oyama quería que los aspirantes al examen fuesen ya 1er Dan de Judo y de Iai-Do cuando se presentasen a las pruebas de cinturón negro de Kyokushin. A raíz de este deseo, Bluming comenzaría el estudio del Iai-Jutsu.
En cuanto a Kurosaki, este habría conocido a Oyama en el dojo de Gogen Yamaguchi, donde eran compañeros de entrenamiento. Cuenta Bluming que habitualmente eran él, Kurosaki y el alumno de este último, Fujihira, los responsables de responder a los desafíos de otras escuelas.
Fue tal la popularidad de Bluming en Japón cuando estaba en la Kyokushin Kaikan que incluso apareció en el cómic “Karate Baka Ichidai”, basado de manera bastante libre en la vida de Mas Oyama y dibujado por el hermano de Hisao Maki, posterior fundador del Maki Dojo. Esto provocó la aparición de algunas historias sobre las peleas de Jon Bluming y Mas Oyama por las calles de Tokio, algo siempre desmentido por Bluming. Incluso comenta que en una ocasión el mismísimo Shokei Matsui, actual Kancho de la IKO1, le preguntó qué tal era luchar al lado de Mas Oyama en los locales nocturnos. Cuando le dijo lo que ocurrió realmente, se molestó y dijo que todos deberíamos mantener vivas las leyendas. Y es que a los japoneses les encantan las buenas historias, sin pararse a comprobar si son auténticas o no.
En 1961, Oyama le pide a Bluming que sea su representante en Europa y lo nombra 6º Dan, el primer no-japonés en recibir ese grado. Seguidamente, Oyama hizo una declaración a la prensa en la que anunciaba que si alguien derrotaba a Jon Bluming en combate, él dejaría de enseñar y además le pagaría 100.000 $. Sólo un instructor coreano aceptó el reto y Bluming lo recuerda con gran respeto. Según relata, siguiendo las tradiciones, este hombre tuvo que luchar primero con Jan Kallenbach (ahora responsable del Taikiken europeo), que lo dejó K.O.; luego con Kenji Kurosaki, que también lo dejó K.O. y finalmente con Jon Bluming que lo volvió a dejar K.O. Parece que después de cada K.O., se levantaba y exclamaba “¡Ahora Bluming!”. Eso es espíritu, sin duda.
Pero a principios de los 70, Bluming estaba cansado. Había tomado una participación en un casino e intervenido en 7 películas, de modo que quería concentrarse en sus negocios y descansar una temporada, así que se lo dijo a Oyama y le sugirió a Loek Hollander como sustituto, algo de lo que luego se arrepentiría amargamente.
Según cuenta Bluming, Hollander empezó a dirigir la organización de una manera, digamos más “comercial”, algo con lo que Bluming no estaba en absoluto de acuerdo.
Ya en 1976, Oyama le pide a Bluming que vuelva a ponerse al frente del Kyokushin europeo, pero éste le pone como condición que primero destituya a Hollander. No lo hizo y ya no volverían a hablar hasta 1983.
Así las cosas, Bluming funda su organización, la International Budo Kaikan, en 1980 y comienza a enseñar su estilo, el Kyokushin Budokai, basado en su propia concepción del combate: golpeo (basado en el Kyokushin) más lucha cuerpo a cuerpo y de suelo (basada en el Judo). Y así continúa actualmente.
En 1983, Bluming y Oyama se encuentran con motivo de una visita a Corea por parte de ambos. Bluming recuerda que Oyama se alegró mucho de verlo y que esta vez estuvo de acuerdo en destituir a Hollander. Pero a finales de año, recibió una carta de la sede de la Kyokushin Kaikan diciendo que no querían que volviese. Hollander les habría contado que Bluming era un gángster, que tenía negocios ilegales y que incluso había atracado un banco a punta de pistola. Sin embargo, como bien dice Bluming, si fuese un gángster no habría sido seleccionado para servir como guardaespaldas honorario del Príncipe Bernardo de Holanda en 1986, 1991 y 1996. Pero de todas formas, Oyama creyó la historia de Hollander, como lo hizo mucha otra gente.
Poco antes de su muerte, Oyama descubrió que Bluming tenía razón y que Loek Hollander estaba equivocado. Esa es la razón, según Bluming, de que hoy no se encuentren artículos sobre Loek Hollander o fotos con su nombre en ninguna de las revistas japonesas de artes marciales: Oyama lo prohibió.
Para arreglar las cosas, Oyama habría enviado a Akira Maeda, 7º dan, a Holanda en otoño de 1993. En abril de 1994, Bluming tenía previsto viajar a Tokyo para hablar con Oyama, cuando recibió un fax diciendo que acababa de fallecer de cáncer. Fue un golpe muy duro para él.
Parece que durante los meses que siguieron, se produjeron varios encuentros con los nuevos líderes de la IKO. Loek Hollander estaba aún allí y él y sus compinches volvieron a atacar a Bluming, presentándolo como más interesado en el dinero que en el Budo. Y eso fue el final de todo.
Evidentemente, y ahora hablo a título personal, las afirmaciones sobre el interés económico del Maestro Bluming no son ciertas. Sólo hay que ver las cuotas que se pagan en su organización y uno puede comprobar que no se harán ricos cobrando lo que cobran.
Desde esa fecha, la organización de Jon Bluming, la IBK, ha ido creciendo lentamente pero de una manera constante y hoy está presente en más de 30 países, habiendo sufrido incluso una escisión en fechas recientes, liderada por Gerard Gordeau. Aún así, el grueso de la organización ha permanecido al lado del Maestro Bluming y el año pasado organizaron un Campeonato del Mundo.
Saludos.
Osu!