En este foro se habla de defensa policial y militar (métodos, armamento, etc.), así como de los aspectos jurídicos implicados (legislación sobre agresiones, etc). Se evitará entrar en debates políticos, y se potenciará el debate técnico. Este NO es un foro de sucesos ni de política.
En el verano de 1.984 yo trabajaba en un vehículo radiopatrulla, los conocidos Z (Del Cuerpo Nacional de Policia), por el distrito centro de Madrid. Era un trabajo que me gustaba mucho, y que incluso ahora echo mucho de menos.
Bueno, al caso... Estábamos patrullando por la calle Barquillo, cuando el compañero y yo observamos un vehículo que presentaba síntomas de robo...ya sabéis, las ventanillas abiertas y el "puente" hecho. Lógicamente seguimos el procedimiento habitual, consultar al Servicio de Informática si el vehículo figura como sustraído. A los pocos segundos nos responden manifestando que el vehículo no figura como sustraído, lo cual no nos sorprende ya que el motor estaba caliente, lo que nos hacia pensar que había sido abandonado recientemente.
Como estábamos seguros que el vehículo estaba robado, aunque todavía el dueño no hubiera presentado denuncia, nos encaminamos a Comisaría para dejar conocimiento del hecho e intentar localizar a su propietario para decirle donde estaba su coche.
Una vez en Comisaría comunicamos al Inspector de Guardia (Jefe de la Oficina de Denuncias) lo que habíamos visto y donde estaba el coche y allí nos enteramos que el vehículo pertenecía a una empresa de alquiler de coches. Creo que es el momento de decir que el Inspector de Guardia era (y es) un excelente compañero, un buen amigo y un gran profesional, pero tiene un defecto (¿o no?) es un "cachondo mental crónico". Por esa época tenia unos 30 años y estar con él de servicio era garantía de diversión.
Pues mientras hacíamos esas gestiones apareció por la Oficina de denuncias una persona que quería denunciar la sustracción de su vehículo y.....OHH SORPRESA...era el vehículo que habíamos localizado en la calle Barquillo.
Por la expresión en la cara del Inspector de Guardia inmediatamente supe que iba a gastar una broma de la suyas, por lo que el "compa" y yo decidimos quedarnos, para ver que pasaba.
Entra el denunciante....y se trataba del típico turista norteamericano.
Alto, pelirrojo, con un cinturón de cow-boy y camisa de flores. Se trataba de un hombre muy simpático que hablaba castellano bastante bien (según nos contó era de Texas). Sólo el ver al Inspector de Guardia, con esa carita de pena que ponía, era motivo de risa, pero cuando el denunciante le explica que le habían robado el vehículo, su expresión cambio.
Le dice, con una cara muy alegre: "No se preocupe....hombre. En España, eso no es problema. Voy ahora mismo a consultar la maquina de recuperar coches robados, y dentro de un minuto el asunto esta resuelto". No se quien puso la cara de sorpresa mas grande....si mi "compa" y yo, o el americano.
El inspector de Guardia se mete en el cuarto privado que había en el despacho y coge un "patito" de cuerda. Ya sabéis....esos juguetes mecánicos que se les da cuerda y se mueven y picotean el suelo, y suenan TAC-TAC-TAC. Pues bueno, durante varios minutos del despacho privado lo único que salían eran ruidos TAC-TAC-TAC...y el americano estiraba el cuello intentando mirar que pasaba, totalmente comido por la curiosidad.
Cuando el Inspector de Guardia sale del despacho, con una sonrisa en la cara, le dice: "Su coche esta aparcado en la calle Barquillo, frente al numero tal...presenta tal y tal daño. Vaya a comprobarlo, se hace cargo del vehículo y ......que tenga un buen día".
El americano no salía de su asombro y se fue con una cara que era un poema.
Bueno....pues hasta aquí, una broma mas de nuestro compañero, pero....la cosa no acaba así. Resulta que el americano....era un alto cargo de una agencia policial de ámbito federal en Norteamérica y cuando finalizo las vacaciones....comentó en su país que los "Españoles....tienen una maquina para recuperar coche robados". Entonces el Departamento de Estado Norteamericano le mando una carta al Ministerio del Interior Español preguntándole de manera oficial "el funcionamiento de la "famosa" maquina de recuperación de vehículos sustraídos, tiempo que llevaba funcionando y estadísticas de las recuperaciones de vehículos, antes y después de su entrada en funcionamiento".
Yo no se que contestación se les dio a los americanos y lo que paso después...lo que si se, es lo que nos paso a nosotros. Al Inspector de Guardia le mandaron forzoso al País Vasco, después de cumplir un mes de suspensión de empleo y sueldo, a mi "compa" le metieron 4 días de empleo y sueldo y a mi me metieron 8 (4 días por lo mismo que a mi "compa" y otros 4 por no poder aguantar la risa delante del Instructor del Expediente Disciplinario).
De todas maneras, solo de imaginarme la cara que debió poner el Ministro del Interior Español (en aquellos momentos el Sr. Barrionuevo) cuando tuvo en su mano "la famosa maquina de recuperación de vehículos sustraídos" considero bien pagados los 8 dias de empleo y sueldo.
(Amonio - Melilla)
Extraido de una Web dedicada a temas policiales.
Este suceso ocurrió un agosto de hace unos cuantos (bastantes) años, cuando vuestro "blues" era todavía un mozetón con mucho pelo y muchas ganas de arreglar el mundo.
Era una tarde calurosísima, de ese calor humedísimo al que los manresanos estamos acostumbrados pero que tanto sorprende al visitante. ( "¿Y tú dices que en Sevilla hace calor?" fueron las palabras de mi sevillana amiga Mabel, en una visita que me brindó un mes de agosto de hace unos años)
Serían las tres de la tarde y recibí una llamada de mi central para pasar a recoger a mi compañero motorista que se había tenido que quedar en Jefatura para resolver unos trámites burocráticos relacionados con un accidente.
Las circunstancias del tráfico obligaron a éste que os escribe a detenerse ante en el semáforo de la confluencia de la Carretera de Cardona con la Calle Dos de Mayo, con el asfalto derritiéndose bajo mis botas de motorista, que amén de protegerme de rozaduras y rasguños en caso de eventual caída, me achicharraban con sarna y tesón las pantorrillas.
El carenado de la Sanglas, cumplía a la perfección su cometido de proyectar sobre mis ya bullentes botas, todo el calor que el motor de cuatro tiempos y refrigerado por aire, desprendía. El casco pesaba sobre mi cabeza más que la deuda exterior sobre los argentinos y proporcionaba a mi entonces poblado cuero cabelludo, un abundante y uniforme baño de sudor, fruto del particular efecto invernadero en el que el sol y el casco se aliaban para regalarme tamañas dádivas.
Numerosas gotas de sudor resbalaban sobre mi casi imberbe rostro (qué tiempos aquellos...) como enfrascadas en una trepidante carrera de slalom, culminada con el trampolín de mi barbilla y propulsadas, hasta despachurrarse, en y hacia, el depósito negro y cromado de mi fiel motocicleta.
Me hallaba yo pensando en la importancia del precio de los preservativos y su influencia en la asfixiante explosión demográfica que sufría el tercer mundo, o en cualquier otra cosa, cuando por los retrovisores de mi vehículo veo aparecer a un señor, entonces me pareció mayor pues debía rondar los treinta y cinco, pero que hoy me parecería un chaval joven, montando una BMW 1000 RT, con su amplio carenado rojo brillante y con su peculiar
motor en boxer sobresaliendo a ambos lados de la máquina.
A medida que se acercaba, aprecié que el conductor no iba provisto del reglamentario casco de protección. El termómetro de uno de los comercios de la zona -vi con el rabillo del ojo- marcaba 43 grados. Busqué a mi alrededor en pos de una sombra y observé que hasta donde me alcanzaba la vista no había ninguna.
Denunciar a ese pobre motorista sin el cobijo de una sombra que me aliviara, se me antojaba una ardua tarea para la que ni mi cuerpo ni mi mente, se hallaban preparados.
El peculiar petardeo del motor de la BMW me indicaba que el motorista se acababa de colocar a mi diestra, por lo cual, como el que no quiere la cosa, disimulé mirando a mi siniestra, como si buscara algo en la maleta izquierda de mi moto, con la imperiosa necesidad e intención de no verlo. Cruzando los dedos para que el puñetero semáforo se pusiera en verde de una puñetera vez, librándome así de mi obligación sancionadora, oí al conductor de la moto, llamándome:
-Psst, psssssst ! -el que suscribe se hizo el loco, como si no fuera con él.
-Pssst. Psssssssst! -insiste el infractor- El que suscribe, al no haber mediado nombre ni cargo, hacía como los súbditos de Estocolmo, o sea, el sueco.
- Psst-Pssst ¡ Oigaa, guardiaaa ¡ -Ahí ya no tuve remedio, por lo que tras el saludo reglamentario, mano en la visera del casco, me dirijo a él:
- Buenas tardes, caballero.
-"Pos" que te quería yo decir... - me suelta el hombre con una enorme sonrisa- ...que menuda putada que te hagan llevar casco con estos calores, nooo?
Al que os cuenta esta historia le entró esa especie de agitación, que te empieza en las tripas y que, como un torbellino, se te dispara a todo el cuerpo para, a la altura de los ojos, convertirse en nube que, valga la redundancia, nubla tu vista, te sesga la calma y te agita ese diablillo que todos tenemos y que te dice "quítate el casco y le das con él en la boca
al muy (...............) !"
A tiempo se me diluyó esa sabrosa idea, lo cual no fue óbice para tras pedirle la pertinente documentación, proceder a denunciarlo por el artículo 16 del Código de la Circulación vigente en aquellas fechas, por conducir una motocicleta, de cilindrada superior a 125 c.c. sin utilizar el preceptivo casco de protección homologado, hecho lo cual, el ciudadano se excusaba:
- No se lo tome usted así, señor agente, que es que yo, al verlo a usted tan "acalorao" me he dicho "fíjate tú, pobre chaval, el calor que está pasando con el casco... Menuda putada esta pobre gente..."
- Pues le agradezco su compasión -respondí- pero otro día, mejor se compadece usted de mí a mis espaldas. Adiós y muy buenas.
Tras darle paso al pobre ciudadano, me volví a mi moto mientras que por la emisora me metía prisa mi compañero:
-M- 6, aquí M-8. ¿Viene usted o no viene?
-M-8, aquí M-6. Enseguida. He tenido que resolver un problemilla pero ya está resuelto. Deme dos minutos.
Y esto fue lo que pasó aquella tarde. Bueno, hubo algo más. Al cabo de un buen rato, sobre las cinco, y estando parado en otro semáforo, vi acercarse a una BMW, igualita (si no la misma) de la anterior intervención. Huelga decir que hice lo que cualquiera de vosotros hubiese hecho: Tras decirle a mi compañero de pareja "No preguntes y sígueme", poner las luces y la sirena y salir a todo trapo en dirección contraria. Que no estaba yo para más cachondeos aquella tarde.
Lo que voy a contaros es el servicio que mayor satisfacción me ha producido desde que entré en esta empresa, (Policía Local de Manresa) hace ya diecisiete años.
He de advertiros que esta anécdota va a ser larga de contar, pues son muchos los detalles que de este servicio quiero participaros.
Fue un viernes cualquiera y eran sobre las cuatro de la tarde. Las cuatro y dos minutos para ser exacto. Hacía dos minutos que había empezado mi turno, y la tarde se presentaba como otras tantas. No sabía yo que iba ser aquélla en la que una vez finalizado mi turno, me iba a sentir tan bien, que daba por compensados todos aquellos malos ratos que esta profesión nuestra, es tan propensa a proporcionarnos.
Entró una llamada en el 092 en la que un marido, enormemente asustado, nos comunicaba que su mujer estaba dando a luz en las escaleras de su casa. “¡El niño ya está saliendo!” exclamaba fuera de sí el preocupado caballero. Se daba la casualidad que la señora había tenido el capricho de ponerse de parto en la calle Jorbetes de esta ciudad. Cualquiera que quiera mirar un callejero de Manresa, verá que esa calle está caprichosamente situada justo delante de las dependencias de la Central de la Policía Local, estando la citada entrada a escasos metros de la misma.
Desde la central, se pasó inmediato aviso al 061, para que enviara una ambulancia y el VAM (Vehículo de Asistencia Medicalizada, equivalente al SAMU) y se dispuso que una patrulla se desplazase de urgencia al lugar.
Ante la perspectiva siempre enriquecedora que se me presentaba de presenciar un alumbramiento, y con la convicción que nuestra intervención iba a limitarse a una tensa y corta espera del personal sanitario, y a lo sumo un acompañamiento a los vehículos de emergencia que hiciera más rápido y seguro el traslado, le propuse a uno de los cabos de servicio en la central, que me acompañara al lugar, del que sólo nos separaban escasos metros.
-Uffffff... –exclamó mi compañero- La sangre y yo no nos llevamos bien. Casi prefiero quedarme aquí.
-Pues yo sí me apunto- añadió mi compañera y amiga Yolanda. Por lo que nos dispusimos los dos a desplazarnos al lugar, a pie, sin ninguna prisa, pues esperábamos todos que la llegada de la ambulancia y del equipo médico del VAM, se hubiese producido ya.
Nada más salir a la calle, un compañero llegaba y estacionaba su moto frente al edificio donde se suponía estaba pariendo la señora, saliendo a los pocos segundos, con el rostro desencajado, solicitando a gritos, y de forma urgente por su transmisor portátil, insistencia en la llamada a la ambulancia.
Apretamos el paso, que no nos quedaban más que unos pocos, y nos presentamos en el portal. Allí nos encontramos a una joven, apoyada en las escaleras, con un bebé en sus brazos, unido aún por el cordón umbilical el cual se introducía en el vientre de la madre, al no haber aún expulsado la placenta.
Me volví hacia la calle y no había ni rastro de la ambulancia. De nuevo junto a la madre, apreciábamos al bebé inmóvil, sin respiración ni llanto. A su lado, el padre de la criatura, hecho un manojo de nervios, suplicándonos que hiciésemos algo, que su bebé se moría.
El puñetero nudo de mi zapato izquierdo se resistía. Supongo que a causa de los nervios. Por fin cedió y lo atamos al cordón umbilical. No pensé en los millones de microbios que debían campar a sus anchas por los cordones de mis zapatos, pero no tenía a mano unas pinzas estériles. El cordón estaba ya atado. Sólo quedaba cortar.
Saqué la navaja multiusos que me regaló mi hija Carol (gracias Dody, guapísima. Quién te iba a decir que me sería tan útil tu regalo) La navaja, al salir de su funda, tiene la apariencia de unos alicates, pues todas las hojas y utilidades se despliegan desde los lados de la herramienta. Yolanda dijo:
-Migueeel !!! No seas brutoooo!! Con los alicates nooooo !!
La madre dio un brinco.
-Con los alicates noooo !!!! –coincidió la madre con Yolanda.
- Tranquila, que no lo hago con los alicates. Esto no os va a doler ni al niño ni a ti.
Dudé un instante. Quizás debía haberme puesto los guantes de goma. El tacto del cordón umbilical se me antojó húmedo y frágil. Aguanté la respiración y corté. Levanté el niño. En las películas, todos hemos visto como agarran el bebé por el tobillo y luego de dan una zurra en el culo, como castigándolo por haber nacido. Yo quise hacerlo pero, con toda la grasa que llevaba la criatura por encima, me daba la impresión que se me iba a escurrir.
Como si me leyera el pensamiento, Yolanda decía “Miguel, cuidado, no se te vaya a resbalar”
Entre los dos, teniéndolo cogido como se toma a los bebés, lo empezamos a mover todo lo que podíamos. No le zurrábamos pero lo asustábamos, a ver si así...
No sé que debió pensar la pobre criatura, pero lo cierto es que rompió a llorar. Empezamos a respirar tranquilos. La madre empezaba a sonreír. Y el padre iba y venía sin saber qué hacer.
Le pedimos que fuese a buscar algo con lo que tapar a la criatura, pues de todos es sabido lo importante que es mantener la temperatura corporal. Nuestra patrulla, que ya estaba allí, y siguiendo los dictados de la famosa Ley de Murphy, no llevaba en el botiquín la manta térmica que en cantidad de cinco o seis, llevamos en todas las patrullas. Se presentó el hombre con una manta, que no sé de dónde había sacado, pero que a buen seguro no estaba lavada con Vernel, a tenor de lo que pinchaba la condenada. “Si tapamos con eso al niño, lo desollamos seguro” bromeamos después, una vez todo había pasado.
En estas, Yolanda que se empezaba a desabotonar la camisa.
Mujer, esperaaaaa !! -le dije- Ya me la quito yo, que no es plan de salir de aquí en sujetador.
Cuando me quité la camisa, me aclaró mi compañera que su intención no era quedarse en ropa interior, sino abrir su camisa para colocar el bebé en su pecho, por aquello de proporcionarle calor humano. De todas maneras, envuelto en mi camisa, el bebé se alojó bajo la de mi compañera que, tuvo la prudencia y el buen tino, de soplar en las vías respiratorias de la criatura para eliminar cualquier cosa que pudiese obstruirlas. El bebé se lo agradecía -según me contó luego- sacándole la lengua.
La ambulancia seguía sin aparecer. Llevábamos allí un más de un cuarto de hora y ni VAM, ni ambulancia ni nada. El bebé lloraba con menos intensidad. Supongo que se encontraba cómodo y calentito, pero las teníamos todas con nosotros. Decidimos hacer el traslado con una unidad nuestra. Nuestra patrulla K-26 salió zumbado en dirección al Hospital General de Manresa.
Dicen que a los niños recién nacidos les hace mucho bien la música clásica y las frases dulces. Éste iba con las sirenas de un coche patrulla y con los gritos de tres policías. Los dos de delante discutiendo cuál era el trayecto más corto, y una tercera (mi compañera tumbada en el asiento trasero con el bebé sobre ella) recordándoles que lo importante era llegar de una pieza.
Y allí me quedé con la madre. Le preguntaba si ella sabía qué pasaba con la placenta. Si salía sola o si tenía que tirar yo del cordón umbilical (en la asignatura de primeros auxilios sólo nos explicaron hasta donde se ata y se corta el cordón y se abriga al niño para que no pase frío) o bien si tenía que empujarle el vientre como vi yo hacer al ginecólogo que trajo al mundo a mi hija... Pero la pobre decía no tener ni idea. Yo intentaba tranquilizarla diciéndole que su bebé era una preciosidad y que lloraba con mucha energía, que a buen seguro tenía unos pulmones muy potentes.
Poco más podía hacer, que sentarme junto a la madre, agarrar su mano y esperar a que de una puñetera vez apareciera alguien con conocimientos médicos homologados como Dios manda, pero sólo llegaban vecinas del inmueble que me preguntaban si quería toallas y esas cosas.
Decidí llamar a nuestra furgoneta de atestados. Allí podríamos tumbar a la madre y llevarla nosotros mismos al hospital.
Le dio tiempo a una agente del equipo de atestados, de salir de Jefatura y de presentarse allí antes que la asistencia médica. Cuando nos preguntábamos cómo moverla hasta la furgoneta se presentó –¡por fin!- el VAM, y poco después la ambulancia. Allí estabilizaron a la madre. Le pusieron el gota a gota, y a las 16.28, salimos en comitiva hacia el hospital. Mientras nos desplazábamos hacia allí, recibí una llamada de nuestra central, en la que me comunicaban que el bebé había llegado perfectamente, que era una niña, que se iba a llamar Aina (yo, vanidosamente pensé que quizás la llamaran Yolanda-Micaela J ) y que había pesado 2,980 Kg.
Poco después, llegamos con la madre. Yo andaba preocupado pues no encontraba mi gorra. Tengo la costumbre de no salir del coche nunca sin ella, pero me comentaron que no le diese demasiada importancia al tema de la gorra, pues iba sin camisa. Solucionamos el problema con el “picardías” verde reflectante de un compañero. Hay fotos de ese momento pero estoy intentando borrarlas de todos los discos duros de la empresa antes de que Mikelinos las encuentre y las mande a la lista.
Allí me reencontré con Yolanda. Me comentó que al verla llegar muy nerviosa, la doctora le ofreció un Valium. Ella declinó el ofrecimiento aunque contestó a la doctora que no le haría ascos a un cigarrillo rubio.
Nos fuimos a duchar y a cambiarnos de ropa y, tras pasar por una floristería donde compramos unas flores a la madre (nos sentíamos muy culpables del susto de los alicates) fuimos a conocer a nuestra nueva compañera, que no en vano había tenido por primer vestido, una camisa de sargento de la policía local.
Lo que pasó allí, no sé como describirlo. En todos estos años como policía, jamás me había sentido tan útil, ni tan colmado de agradecimientos. Besos, abrazos, frases de gratitud. Lo que sentí, rectifico, lo que sentimos aquella tarde, compensa con creces todos esos malos momentos que muchas veces pasamos. Recuerdo especialmente el abrazo que la abuela de la criatura le dio a Yolanda. Se las veía a las dos tan felices...
Y eso ha sido todo. Perdonad la extensión, pero no me quería dejar nada en el tintero.
Vaya... me estaba dejando mucho en el tintero:
Muchas gracias, Yolanda. Te portaste como yo sabía que te ibas a portar.
Muchas gracias, Francesc Xavier. Por dejarme el “picardías” y por llegar antes que nadie.
Muchas gracias, Lean y Sierra. Por hacer el trayecto hasta el hospital con un par. No, ese par se merece unas mayúsculas: ¡CON UN PAR!
Muchas gracias, Alberto, por pasar de tu cabo y venirte a echar un cable.
Muchas gracias, Ángela, por ayudar luego con la madre y por darme tabaco cuando más lo necesitaba.
Muchas gracias a esa madre y a esa niña, Raquel y Aina. Por ser tan guapas y por llegar las dos bien al hospital.
Snake escribió:
-"Pos" que te quería yo decir... - me suelta el hombre con una enorme sonrisa- ...que menuda putada que te hagan llevar casco con estos calores, nooo?
Las escuchas telefónicas forman parte casi obligada del trabajo de los diversos grupos de investigacion ya sean de delincuencia comun , especializada , extranjería o información.
la mayoría de las veces son aburridas, y exigen mucho tiempo y pericia por parte de quien las realiza (argot, etc). Además implica para el funcionario encargado personalmente de la escucha un sacrificio extra, ya que solo el conocerá las voces, relaciones , etc. Esto supone que mientras dure la intervención telefonica ese funcionario tendrá que escuchar durante semanas o meses , todas las llamadas, a veces sin interrupción ( los de estupas se llevan la palma, ya que un funcionario puede tener a su cargo dos , tres o cuatro intervenciones; practicamente viven para ello, son admirables).
No obstante a veces te puedes reir un rato:
No es trascripción literal , pero la cosa fue así algo así.
El individuo que tenía intervenido el teléfono era un varón de unos sesenta años, aunque no era un "profesional" en el mundo delictivo. Un dia estaba el hombre aburrido, y bueno para aliviar el rato, decició llamar a uno de esos antiguos telefonos 906. La conversación fue algo así:
906: Bienvenido a la linea erótica tal ,........ ,el coste tal,......, si desea contactar con chicos marque 1, chcicas 2,....
Paisano: 2(ping, se escucha como marca)
906: ha elegido chcicas, tal,....., si desea jovenes mulatas maraque 1, rubias 2, tal .......
Paisano: 3
**** el caso es que la máquina no paraba de dar opciones , mientras se escuchaba marcar una y otra vez al menda, al tiempo que su respiración era cada vez mas agitada*****
el caso es que diez minutos después ....
una vez mas
906: ha elegido tal, marque 1 si tal, bla, bla, bla,....
Paisano:........silencio........silencio.....no marca ningún número..................y finalmente.....
¡¡¡¡¡¡¡ ME CAGO EN DIOS , SI YO SOLO QUIERO HACERME UNA PAJAAAAAA!!!!
Pues no es de policias, pero es una historia que me hizo muchisima gracia al leerla, Ahi va.
CONVERSACIÓN REAL INTERCEPTADA POR RADIO EN LA COSTA DE FISTERRA(GALICIA), ENTRE ESPAÑOLES Y NORTEAMERICANOS, EN OCTUBRE DE 1995.(es verídico).
- Españoles:... (ruído de fondo)....Por favor, desvíen su rumbo quince grados sur para evitar colisión...
- Americanos: .(ruído de fondo)...Recomendamos que desvíen su rumbo quince grados norte para evitar colisión.
- Españoles: Negativo. Repetimos, desvíen su rumbo quince grados sur para evitar colisión.
- Americanos: Al habla el Capitán de un navío de los Estados Unidos de América. Insistimos, desvíen SU rumbo.
- Españoles: Volvemos a repetir, les recomendamos que desvíen SU rumbo.
- Americanos: LES HABLA EL CAPITÁN DEL PORTAVIONES DE LA MARINA DE LOS EEUU. LINCOLN USS, EL SEGUNDO NAVÍO DE GUERRA MÁS GRANDE DE LA FLOTA NORTEAMERICANA. NOS ESCOLTAN TRES DESTRUCTORES, TRES CRUCEROS Y NUMEROSAS CORBETAS DE APOYO. NOS DIRIGIMOS HACIA AGUAS DEL GOLFO PÉRSICO PARA PREPARAR MANIOBRAS MILITARES ANTE UN EVENTUAL ATAQUE A IRAQ. LES ORDENO QUE DESVÍEN SU CURSO QUINCE GRADOS NORTE. EN CASO CONTRARIO NOS VEREMOS OBLIGADOS A TOMAR LAS MEDIDAS QUE SEAN NECESARIAS PARA GARANTIZAR LA SEGURIDAD DE ESTE BUQUE. VDS. PERTENECEN A UN PAÍS ALIADO DE EE.UU. POR FAVOR, OBEDEZCAN INMEDIATAMENTE.
Españoles: Les hablamos desde UN FARO. Somos dos personas. No tenemos ni pajolera idea de nuestra posición en el RÁNKING de faros españoles. Nos escoltan un perro, nuestra comida y dos cervezas. Tenemos el apoyo de Cadena Dial de A Coruña y estamos en tierra firme. Pueden tomar las medidas que consideren oportunas y les dé la gana para garantizar la seguridad de su buque, pero, volvemos a insistir, lo mejor es que desvíen su rumbo si no quieren darse una leche contra el faro.