Entra James Bond en un bar de copas. Va muy elegantemente vestido y lleva un reloj de mucha pasta, muy llamativo, de oro macizo. Se sienta y pide un Martini con lima, “agitado, no revuelto”. Al rato de estar sentado se le acerca una mujer y le dice:
– Hola, James Bond. ¡¡Qué guapo que eres!! ¡¡Y qué pedazo de reloj que llevas!! Es muy bonito
– Sí, bueno. Es una edición limitada. Sólo hay dos en el mundo. Hace muchas cosas. Mira, por ejemplo, le doy a este botón (presiona un botón y se oye un “click”) y el reloj me dice que ahora mismo no tienes bragas
La chica contesta:
– Pues me parece que el reloj este no funciona muy bien, porque sí que llevo bragas
Y James le da un golpecito al reloj y contesta:
– Perdón, se me ha adelantado una hora
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Un nieto a su abuela:
– Abuelita, abuelita, ¿me enseñas el pie que papá dice que tienes en el cementerio?
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Una conductora de un programa de televisión entrevista a un granjero tratando de conocer la principal causa de la enfermedad llamada de las vacas locas.
– Buenas noches, señor, estamos aquí para obtener información acerca de la principal causa de la enfermedad de las vacas locas. ¿Tiene usted alguna idea de cuál puede ser esa causa?
El ganadero, viendo fijamente a la mujer responde:
– ¿Sabe usted que el toro se coge a la vaca una sola vez al año?
La reportera, sintiéndose avergonzada, vacila:
– Bueno, señor, eso si que es un dato interesante, pero ¿qué relación tiene ese hecho con la enfermedad de las vacas locas?
– Bueno, señora, ¿sabía usted que nosotros ordeñamos a las vacas cuatro veces al día?
– Caballero, esto en realidad es información muy valiosa, pero sigo sin ver la relación.
– Acabo de decírsela, señorita: nada más imagínese si yo me pongo a jugar con sus tet** cuatro veces al día y me la follo sólo una vez al año. ¿No se volvería usted loca?
