Pongo en un contexto mi consulta original. Olvidé señalar que, precisamente, deseaba portar un par de bastones (o algún otro tipo de bastón) en la vida cotidiana, en la calle. Obviamente, mi propósito es puramente defensivo y sólo para situaciones extremas, en que no he podido huir (soldado que huye sirve para otra batalla) y del estilo "mi vida o la del contrincante". Espero que jamás suceda, por cierto; pero no quiero andar de pajarito por la vida, sin saber cómo enfrentarme a un cuchillero con un arma que NO sea de filo (portar un cuchillo definitivamente no está en mis planes, principalmente por cuestiones legales; en Chile, sacaron una ley anti arma blanca que la pone muy difícil para el ciudadano de a pie que quisiera llevar un puñal y adujese que es "sólo para defensa"). Con los palos, en cambio, el margen de tolerancia es más amplio y es harto más fácil buscar una excusa por si somos objeto de un chequeo policial. Huelga decir que llevo una existencia bastante tranquila y alejada de líos y lugares especialmente peligrosos. Pero, en la zona en que resido, pululan más antisociales que -digamos- hace 20 años (por causas sociales y urbanísticas que no viene al caso tratar aquí). Y estos sujetos de mala catadura, que siempre acechan, me hacen plantearme la situación.
Por razones profesionales, hice mi práctica en una cárcel -soy abogado- y aprendí a reconocer bastante bien a los delincuentes, a su forma de caminar, de mirar y "tantear" a supuestas víctimas (no sólo de asaltos sino de simples peleas: chequean si uno está alerta, si tiene agallas, si es potencialmente peligroso, si es asustadizo, etcétera). Soy realmente bueno en la detección del peligro y de los propios bandidos -ocultos en la masa-, al punto que VARIAS VECES he podido adelantar ciertos hechos y ponerme a salvo. Un amigo, asombrado por estas "prevenciones" en un caso en que él sólo veía buenas gentes -él de es de ésos que andan regalando sonrisas y el Amor Universal a todos los que se acercan- y que un minuto después se puso "color de hormiga", me dijo que debí haber sido policía por mi "paranoia" e "intuición" (yo las llamo "estado de alerta" y saber que te pueden matar -como decía Tyr- de un solo corte a la yugular). Lo siento, no soy un matón... pero tampoco soy Mahatma Gandhi ni San Francisco de Asís.
No se trata, por cierto, de deteriorar tanto la convivencia social como para vivir siempre con el dedo en el gatillo y desconfiando de todos y de todo: debe ser un estado mental infernal.
Pero siempre había pensado que un par de bastones podían salvar mi vida (o la de un ser querido) en una pelea con un bandido empuñando un arma blanca. Ahora comprendo que la cuestión es bastante más complicada de lo que imaginé (independientemente de las posturas encontradas que hemos leído en este interesante debate).
Debo agradecer a todos los que han intervenido, pues he aprendido muchas cosas nuevas. Y, por favor, sigamos con este tema, que está muy interesante...
