Encuentro de Oriente y Occidente en 1861
Publicado: 22 Ene 2009 10:07
Este es el testimonio del Coronel Charles Louis Dupin, quien estuvo de misión en Japón en el año 1861 y permaneció allí 4 meses; el oficial había participado en la campaña de China, y, estando con la fuerza de ocupación (publicó su informe en 1868, debido a que tuvo que combatir 5 años contra las guerrillas mejicanas), su texto es muy elogioso hacia el pueblo japonés, del cual admira la apertura de espíritu, sobretodo en comparación con el Celeste Imperio: "El chino se duerme estúpidamente en el recuerdo de su pasado, el japonés sólo sueña con el futuro".
Incluso añade al principio de su informe: "Del mismo modo que el chino parece pesado y atontado, el japonés es vivaz, alerta e inteligente"... reflexión que debe disculparse por parte de un militar que sólo estima a aquél que mostra un orgullo guerrero, y que es capaz de impedir la invasión y esclavitud de su patria.
Asimismo, le impresionó el alto grado de justicia de la administración japonesa, y comprendió las miradas hostiles, incluso provocadoras de los samurais (a los que llama acertadamente "yacounine" si son funcionarios, "tounine" o "ronine" si son independintes) debido al comportamiento arrogante de los representantes occidentales, a los que critica severamente.
Por ello, se puede decir que su testimonio es imparcial, y por ello, digno de interés. Así pues, tras haber descrito y admirado la calidad de los sables japoneses y observado la escasez de los duelos, afirma que:
"El japonés tiene el mayor cuidado de su katana; so pena de muerte, no puede desenvainarla en público más que para golpear a un agresor o suicidarse. Esta ley es muy sabia, evita conflictos sangrientos que siempre tendrían lugar con gente armada, y cuyo carácter es orgulloso y susceptible. El duelo, pese a ello, no está prohibido en Japón, pero es necesario que uno de los dos muera, sin lo cual ambos serán decapitados. Si adoptáramos aquella ley en Europa, no tendríamos tantos duelos absurdos..."
Asimismo, más tarde, menciona: "Un día, estaba con unos Yakunin, y me entraron ganas de comparar la potencia de sus katanas con el modelo de sable establecido por el general Marey-Monge, y del cual yo mismo había reconocido el excelente efecto útil. Habiendo sido aceptada mi propuesta, hice traer una tabla de pino, de unos tres centímetros de grosor. Fue colocada erguida, y un Yakunin, escogido por sus camaradas, tras haber dado unas vueltas con su katana a dos manos, dió un golpe con todas sus fuerzas. La hoja penetró a una profundidad de unos tres centímetros.
Cogí, a mi vez, el sable del general y golpeé, con una mano. El corte penetró unos cinco centímetros, y la hoja estaba tan profundamente alojada que tuvimos problemas para retirarla de la madera.
Los yakunin, muy extrañados, minieron a examinar ésta hoja que, mucho más ligera y movida por un sólo brazo, había penetrado mucho más. El experimento volvió a comenzar, con los mismos resultados.
Un yakunin me preguntó si mi sable podía cortar, tanto como el suyo, a la paja u otra materia ligera. Le respondí que los sables franceses están hechos para matar hombres, y no para cortar paja. Debo confesar que esta respuesta era bastante gascona. El yakunin, sin desanimarse, hizo traer un paraguas del país, que colocó sobre una tabla de madera. Golpeó con su arma, y el paraguas fue casi totalmente cortado; sin embargo, los trozos no estaban separados.
Mi sable no estaba afilado, pero el de mi adversario lo estaba perfectamente; sentía que le debía una revancha, golpeé como mejor pude, y las dos mitades del paraguas quedaron tan perfectamente separadas, que mi sable hizo una profunda muesca en la madera que seguía de apoyo.
La cuestión había quedado saldada. La causa de los resultados era la siguiente: el sable del general Marey-Monge tiene el filo mucho menos obtuso que el katana japonés, y el peso del arma está repartido de una forma más adecuada para conseguir un efecto óptimo."
Incluso añade al principio de su informe: "Del mismo modo que el chino parece pesado y atontado, el japonés es vivaz, alerta e inteligente"... reflexión que debe disculparse por parte de un militar que sólo estima a aquél que mostra un orgullo guerrero, y que es capaz de impedir la invasión y esclavitud de su patria.
Asimismo, le impresionó el alto grado de justicia de la administración japonesa, y comprendió las miradas hostiles, incluso provocadoras de los samurais (a los que llama acertadamente "yacounine" si son funcionarios, "tounine" o "ronine" si son independintes) debido al comportamiento arrogante de los representantes occidentales, a los que critica severamente.
Por ello, se puede decir que su testimonio es imparcial, y por ello, digno de interés. Así pues, tras haber descrito y admirado la calidad de los sables japoneses y observado la escasez de los duelos, afirma que:
"El japonés tiene el mayor cuidado de su katana; so pena de muerte, no puede desenvainarla en público más que para golpear a un agresor o suicidarse. Esta ley es muy sabia, evita conflictos sangrientos que siempre tendrían lugar con gente armada, y cuyo carácter es orgulloso y susceptible. El duelo, pese a ello, no está prohibido en Japón, pero es necesario que uno de los dos muera, sin lo cual ambos serán decapitados. Si adoptáramos aquella ley en Europa, no tendríamos tantos duelos absurdos..."
Asimismo, más tarde, menciona: "Un día, estaba con unos Yakunin, y me entraron ganas de comparar la potencia de sus katanas con el modelo de sable establecido por el general Marey-Monge, y del cual yo mismo había reconocido el excelente efecto útil. Habiendo sido aceptada mi propuesta, hice traer una tabla de pino, de unos tres centímetros de grosor. Fue colocada erguida, y un Yakunin, escogido por sus camaradas, tras haber dado unas vueltas con su katana a dos manos, dió un golpe con todas sus fuerzas. La hoja penetró a una profundidad de unos tres centímetros.
Cogí, a mi vez, el sable del general y golpeé, con una mano. El corte penetró unos cinco centímetros, y la hoja estaba tan profundamente alojada que tuvimos problemas para retirarla de la madera.
Los yakunin, muy extrañados, minieron a examinar ésta hoja que, mucho más ligera y movida por un sólo brazo, había penetrado mucho más. El experimento volvió a comenzar, con los mismos resultados.
Un yakunin me preguntó si mi sable podía cortar, tanto como el suyo, a la paja u otra materia ligera. Le respondí que los sables franceses están hechos para matar hombres, y no para cortar paja. Debo confesar que esta respuesta era bastante gascona. El yakunin, sin desanimarse, hizo traer un paraguas del país, que colocó sobre una tabla de madera. Golpeó con su arma, y el paraguas fue casi totalmente cortado; sin embargo, los trozos no estaban separados.
Mi sable no estaba afilado, pero el de mi adversario lo estaba perfectamente; sentía que le debía una revancha, golpeé como mejor pude, y las dos mitades del paraguas quedaron tan perfectamente separadas, que mi sable hizo una profunda muesca en la madera que seguía de apoyo.
La cuestión había quedado saldada. La causa de los resultados era la siguiente: el sable del general Marey-Monge tiene el filo mucho menos obtuso que el katana japonés, y el peso del arma está repartido de una forma más adecuada para conseguir un efecto óptimo."

