Efectivamente, a eso aludía. Las fechas exactas, las referencias y otros aspectos que sí se le pedirían a un libro de historia bien documentado no me resultan tan importantes como el hecho de que aporta información sobre la cultura, sociedad y mentalidad de las gentes que describe.
Es que, como he dicho antes, hay que ver las cosas desde su justo prisma.
No podemos adoptar la biblia como un libro de historia, en el sentido más conocido por todos. Entre otras cosas por que no hay sucientes fuentes extra-bíblicas que corroboren lo escrito allí. Y muchas de las que hay, lo contradicen. En este sentido, como también comenté antes, es interesante el enfoque que le dan los de la escuela de Copenaghe.
Pero si lo analizamos desde el discuro mítico (desde el punto de vista del "eterno retorno" de M. Eliade, por ejemplo), la biblia no solo ofrece un contenido interesantísimo, sino que se hace imprescindible para intentar comprender la memoria histórica de este pueblo y su relación con el mundo que le rodea, sus necesidades y aspiraciones, sus miedos y su forma de vencer y superar esos miedos.
Y por eso me ha hecho gracia (con todo el cariño lo digo) el comentario sobre los griegos.
Tales, Anaximandro, Anaxagoras, Parmenides y su discipulo Zenon, Pitagoras, etc., beben de las teogonías mitológicas homéricas y hesiódicas (además de que tienen una vida religiosa nada despreciable)
Lo que les hace especiales, los que les hace únicos, es que, por primera vez, intentan dar respuesta a preguntas cosmogónicas y de génesis dentro del plano físico (que no metafísico) desde ellos mismos, sin necesidad de recurrir a explicaciones divinas (dicho sin sentido peyorativo), dando lugar a las bases de la filosofía y de la ciencia.
Pero ello no implica, ni mucho menos, que en otros planos de necesidad, recurran a las explicaciones divinas.
Para muestra, un boton: Socrates recibe inspiración divina (nada más y nada menos que del oráculo de Delfos, casi nada en aquella época).
Vamos, que el propio Sócrates reconoce que su búsqueda de la verdad tienen un origen apolíneo (vamos, procedente del dios Apolo).
No es posible (ni recomendable) analizar el mito (y la religión) desde un punto de vista único. Ni mucho menos positivista (nosotros somos los más mejores por que mandamos cohetes a la luna*). Entender el mito nos ayuda a entender muchísimas culturas (por ejemplo, las ágrafas y sus tradiciones orales).
Pero lo que pretende el mito, la religión y la ciencia, perdón por hacerme pesado, distan mucho. Se hacen preguntas diferentes y responden a necesidades diferentes.
Son dos ontologías opuestas, pero que han convivido y conviven sin ningún tipo de problema, siempre y cuando una no pise a la otra (que es lo que ha pasado y pasa con demasiada frecuencia).
Para el que quiera profundizar sobre el tema razón-mito puede consultar a J.P. Vernant, F. Conford, G. Colli, P. Grimall y un largo etc...
Un saludo bíblico
* Lo digo sin animo de molestar a nadie sino como mero ejemplo, como también podría haber puesto un ejemplo en otro campo de la ciencia, la política, la economía, etc. Vaya a ser que algun astronauta se sienta ofendido.