El Iluminado
Publicado: 14 Ago 2008 19:42
La historieta que voy a relatar me será difícil de plasmar en palabras escritas, porque la grandeza (y la hilarante ridiculez) de la situación supera con creces mis capacidades narrativas. Me pongo a ello...
Estando yo en el dojo donde suelo entrenar, aparece un chico con el cual había coincidido en algún entreno de karate tiempo atrás. Cabe decir que sus habilidades técnicas en karate eran bastante deficientes, y además evitaba el combate y los aspectos más prácticos. Todos estos datos tendrán su valor después.
Bien, el caso es que el chico me esperó y cuando acabé mi entreno recorrimos un trecho del camino a casa juntos. A mi pregunta de qué le traía por el dojo después de meses sin aparecer, me dice que había venido a decirle al responsable, que no vendría más. Imaginé yo que sería por incompatibilidad horaria o algo similar. Fue entonces cuando, ante mi total sorpresa (y verguenza, dado que estábamos en plena calle) hizo una serie de movimientos al aire con los brazos, en zenkutsu dachi. Después de eso, se me quedó mirando con una extraña expresión en los ojos. Por un momento no supe si me estaba diciendo "mira qué torpe soy" o "mira cómo molo", pero sus palabras posteriores me hicieron ver que era la segunda opción. Enseñándome esos movimientos quiso demostrarme "lo bueno que era", y me dijo que el motivo por el que no iba a venir a clase más era porque "su elevado nivel estaba a años luz de los demás compañeros" y "no quería abrir los ojos de la gente cuando vieran su superioridad". Claro, hice grandes esfuerzos por aguantar la risa, y al mismo tiempo dí gracias al cielo por ponerme delante a semejante freak para poderme tronchar después cada vez que recordara ese momento.
Inicié un pequeño discurso encaminado a decirle que hombre, que igual no era tan bueno, que sus movimientos eran más bien torpes, que su combate era nulo... pero me di cuenta de lo futil de cualquier argumento, y callé.
El chico me explicó que, estando de viaje por Sri Lanka unos meses atrás, conoció a un monje que le enseñó la perfección, que quería hacerse monje, y no sé qué historias más. Para alucinar vamos.
Pero lo que más me impresionó, es que el chico, se lo creía.
¿Tanto caldo de cultivo hay en las mentes de la gente que entrena de agarrarse a historietas mágicas y evadirse de la realidad?
Estando yo en el dojo donde suelo entrenar, aparece un chico con el cual había coincidido en algún entreno de karate tiempo atrás. Cabe decir que sus habilidades técnicas en karate eran bastante deficientes, y además evitaba el combate y los aspectos más prácticos. Todos estos datos tendrán su valor después.
Bien, el caso es que el chico me esperó y cuando acabé mi entreno recorrimos un trecho del camino a casa juntos. A mi pregunta de qué le traía por el dojo después de meses sin aparecer, me dice que había venido a decirle al responsable, que no vendría más. Imaginé yo que sería por incompatibilidad horaria o algo similar. Fue entonces cuando, ante mi total sorpresa (y verguenza, dado que estábamos en plena calle) hizo una serie de movimientos al aire con los brazos, en zenkutsu dachi. Después de eso, se me quedó mirando con una extraña expresión en los ojos. Por un momento no supe si me estaba diciendo "mira qué torpe soy" o "mira cómo molo", pero sus palabras posteriores me hicieron ver que era la segunda opción. Enseñándome esos movimientos quiso demostrarme "lo bueno que era", y me dijo que el motivo por el que no iba a venir a clase más era porque "su elevado nivel estaba a años luz de los demás compañeros" y "no quería abrir los ojos de la gente cuando vieran su superioridad". Claro, hice grandes esfuerzos por aguantar la risa, y al mismo tiempo dí gracias al cielo por ponerme delante a semejante freak para poderme tronchar después cada vez que recordara ese momento.
Inicié un pequeño discurso encaminado a decirle que hombre, que igual no era tan bueno, que sus movimientos eran más bien torpes, que su combate era nulo... pero me di cuenta de lo futil de cualquier argumento, y callé.
El chico me explicó que, estando de viaje por Sri Lanka unos meses atrás, conoció a un monje que le enseñó la perfección, que quería hacerse monje, y no sé qué historias más. Para alucinar vamos.
Pero lo que más me impresionó, es que el chico, se lo creía.
¿Tanto caldo de cultivo hay en las mentes de la gente que entrena de agarrarse a historietas mágicas y evadirse de la realidad?