Libro sobre duelos en la España del XIX
Publicado: 02 Jun 2007 11:41
La defensa del honor se resolvió hasta hace no demasiado tiempo por medio del duelo, para el que había reglas específicas y toda una parafernalia.
El profesor del Área de Ciencia de los Metales e Ingeniería Metalúrgica de la Universidad de Vigo e investigador de armería antigua, José María Peláez Valle, ha plasmado en el libro "Desafíos, encuentros y duelos de honor", que hoy, a las 20.00 horas, presenta en El Corte Inglés, todos los aspectos que rodean al duelo en España: desde sus orígenes hasta sus modalidades, evolución, protocolos y reglamentos.
Además del estudio sobre los elementos concernientes al duelo, el profesor Peláez incluye algunos de los duelos y duelistas más relevantes de nuestra historia. Recuerda este estudioso que el duelo era una costumbre si no legal, sí consentida, hasta tal punto que las familias de clase alta y de la burguesía apuntaban a sus hijos varones en las escuelas de esgrima para que aprendiesen el manejo de la espada.
"En el siglo XIX ya no sólo era vital defender el honor (la autoestima), sino la honra (el qué dirán), por lo que se celebraban duelos por cualquier motivo. Era un reflejo de la crispación de aquella sociedad"
Según este estudioso, el último duelo español tuvo lugar en 1954 en París, entre el marqués de Cuevas y un coreógrafo ruso, Serge Lifar, se batieron en duelo por una bofetada dada al aristócrata en público. Y aunque el duelo haya llegado hasta nosotros envuelto en un hado de romanticismo, este experto en armas afirma que de romántico tenía poco o nada.
"¡Imagínese usted a un pobre hombre que era retado por un duelista esa noche, esperando el momento del duelo! expone.
Además, no siempre los padrinos o los testigos sabían cargar correctamente las armas -en caso de las de fuego, porque el ofendido tenía el derecho a elegir el arma con que iba a batirse-
Muchos duelos permanecerán para siempre en el anonimato porque aunque se levantaba acta, al ser ilegales, no se entregaban o se les daba a la familia del fallecido. La costumbre de dirimir los problemas sable en mano tampoco era algo ajeno a la realeza. Como ejemplo de esto, Peláez relata el episodio acontecido en la antecámara de la reina Isabel II, donde fallecieron el ayudante del general Narváez y el ministro Urbiztondo. Pero para el estudioso, lo más curioso es que la prensa de la época se hizo eco de dos muertes en palacio "por causas naturales".
El profesor del Área de Ciencia de los Metales e Ingeniería Metalúrgica de la Universidad de Vigo e investigador de armería antigua, José María Peláez Valle, ha plasmado en el libro "Desafíos, encuentros y duelos de honor", que hoy, a las 20.00 horas, presenta en El Corte Inglés, todos los aspectos que rodean al duelo en España: desde sus orígenes hasta sus modalidades, evolución, protocolos y reglamentos.
Además del estudio sobre los elementos concernientes al duelo, el profesor Peláez incluye algunos de los duelos y duelistas más relevantes de nuestra historia. Recuerda este estudioso que el duelo era una costumbre si no legal, sí consentida, hasta tal punto que las familias de clase alta y de la burguesía apuntaban a sus hijos varones en las escuelas de esgrima para que aprendiesen el manejo de la espada.
"En el siglo XIX ya no sólo era vital defender el honor (la autoestima), sino la honra (el qué dirán), por lo que se celebraban duelos por cualquier motivo. Era un reflejo de la crispación de aquella sociedad"
Según este estudioso, el último duelo español tuvo lugar en 1954 en París, entre el marqués de Cuevas y un coreógrafo ruso, Serge Lifar, se batieron en duelo por una bofetada dada al aristócrata en público. Y aunque el duelo haya llegado hasta nosotros envuelto en un hado de romanticismo, este experto en armas afirma que de romántico tenía poco o nada.
"¡Imagínese usted a un pobre hombre que era retado por un duelista esa noche, esperando el momento del duelo! expone.
Además, no siempre los padrinos o los testigos sabían cargar correctamente las armas -en caso de las de fuego, porque el ofendido tenía el derecho a elegir el arma con que iba a batirse-
Muchos duelos permanecerán para siempre en el anonimato porque aunque se levantaba acta, al ser ilegales, no se entregaban o se les daba a la familia del fallecido. La costumbre de dirimir los problemas sable en mano tampoco era algo ajeno a la realeza. Como ejemplo de esto, Peláez relata el episodio acontecido en la antecámara de la reina Isabel II, donde fallecieron el ayudante del general Narváez y el ministro Urbiztondo. Pero para el estudioso, lo más curioso es que la prensa de la época se hizo eco de dos muertes en palacio "por causas naturales".