Definitivamente, odio a las zorras. Sí, asiduos contertulios, y no me refiero al carnívoro de larga cola poblada que campea por nuestros campos españoles, sino a las zorrúpedas (¿existe éste vocablo en el diccionario de la R.A.E.?) que comparten tu puesto de trabajo.

Una nueva incorporación reciente, de una chica hombruna, a quien se le ha tildado -en mi opinión, injustamente- delesbiana, comenzó a mantener una relación de confianza conmigo en el trabajo. Ya me entendéis: saludos cordiales a la entrada y salida, conversaciones desinhibidas, chascarrillos picarones inocentes, etc. No le di mayor importancia hasta que hoy, una de mis mejores colegas me ha dicho que la sujeta, por llamarle algo, va diciendo en el entorno laboral que un servidor le tira los tejos. ¡Madre de Dios!
Desde luego, me pasan unas cosas... A partir de ahora, me tendré que comportar como un robot. Esto es, frío, calculador y distante.

No puedo con mi vida... Ya me veo metido en líos, ¡otra vez!, pero en éste caso de mobbing o algo peor... ¿Por qué diablos me pasan éstas cosas?
Un saludo,
Loup


