LA VIOLENCIA DE LA CALLE
Publicado: 08 Sep 2004 12:11
La violencia ¿Se aprende o el ser humano la lleva dentro como una fogata que hay que ir controlando a fuerza de educación? Cuando a un niño le arrebatan un juguete, tiene reacciones cercanas a lo violento, ¿no te parece? Yo creo que más que algo aprendido es algo... innato. Esto, claro, arranca de una idea más que sobada: yo no creo en la bondad natural del ser humano.
La violencia hunde sus raíces en el egoísmo, en la ignorancia y en la soberbia (que, en el fondo, es una forma de egoísmo... intelectual). Es mi opinión que las personas tenemos ideas, criterios y puntos de vista. No tenemos la fuerza del dogma, ni la razón. La violencia brota cuando alguien cree tener más razón que otro pero le falta inteligencia para convencer. Por eso soy enemigo declarado de las disciplinas cuarteleras en la generalidad de los casos. El no pensar sino obedecer es propio de trozos de carne incapaces de utilizar la más grandiosa facultad del hombre: la facultad de reflexionar.
Cuando a alguien le faltan argumentos (o por incapacidad mental, no puede crearlos ni exponerlos), recurre a la violencia física o a la intimidación (que es violencia intelectual). Otra cosa es que en los Estados modernos (o sea, desde el siglo XVI) la fuerza o el uso de la violencia sea algo excepcional y facultad atribuida en exclusiva a la organización pública en forma de Estado: se reconoce que el Estado tiene el monopolio de la fuerza cuando su uso es necesario para mantener la convivencia pacífica de la mayoría.
La violencia de adolescentes más o menos rebeldes (luego, con el tiempo, se vuelven todos unos burgueses) y la violencia en el deporte (caso extraordinario de enanez mental de las muchedumbres), son asuntos distintos. En el primer caso supongo que es el reventón de esa rebeldía propia del joven que se asoma a la vida y se cree que sabe más que nadie. Me temo que también en esto tienen responsabilidad los gobernantes: hay que lograr un sabio (y difícil) equilibrio entre disfrutar de derechos y asumir obligaciones. Hoy parece que solamente hay derechos. Se hace creer que la cultura cae por la chimenea; nuestros jóvenes no leen un libro por si les hace daño. No se les ponen deberes no vaya a ser que se cansen. El contenido de los planes de estudios se reduce a límites que rozan la ignorancia institucionalizada, no sea que vayan a memorizar demasiadas cosas y eso les perjudique. Para qué la selectividad, que traumatiza a unos pobres zanguangos casi veinteañeros.
La única forma de limar la posibilidad de esa violencia es la cultura y la educación. Y eso, hoy, querido amigo, no se lleva. Ahí tienes cuando se corrige a alguien que destroza la gramática española (ya sólo escriben sms en los móviles) y te sueltan que escriben así porque les da la gana. Eso (que es un brote de cierta forma de violencia) encubre una ignorancia alarmante, y admitida.
Lo de la violencia en el fútbol me asombra. Lo primero, porque como no me gusta el fútbol, me parece ridículo que alguien sea capaz de vociferar y agredir al prójimo o a la prójima porque un señor meta una pelotita en un habitáculo cubierto con una red. Supongo que es una forma como otra de airear sus frustraciones.
¿Recuerdas lo del panem et circenses? Pues eso.
Saludos,
La violencia hunde sus raíces en el egoísmo, en la ignorancia y en la soberbia (que, en el fondo, es una forma de egoísmo... intelectual). Es mi opinión que las personas tenemos ideas, criterios y puntos de vista. No tenemos la fuerza del dogma, ni la razón. La violencia brota cuando alguien cree tener más razón que otro pero le falta inteligencia para convencer. Por eso soy enemigo declarado de las disciplinas cuarteleras en la generalidad de los casos. El no pensar sino obedecer es propio de trozos de carne incapaces de utilizar la más grandiosa facultad del hombre: la facultad de reflexionar.
Cuando a alguien le faltan argumentos (o por incapacidad mental, no puede crearlos ni exponerlos), recurre a la violencia física o a la intimidación (que es violencia intelectual). Otra cosa es que en los Estados modernos (o sea, desde el siglo XVI) la fuerza o el uso de la violencia sea algo excepcional y facultad atribuida en exclusiva a la organización pública en forma de Estado: se reconoce que el Estado tiene el monopolio de la fuerza cuando su uso es necesario para mantener la convivencia pacífica de la mayoría.
La violencia de adolescentes más o menos rebeldes (luego, con el tiempo, se vuelven todos unos burgueses) y la violencia en el deporte (caso extraordinario de enanez mental de las muchedumbres), son asuntos distintos. En el primer caso supongo que es el reventón de esa rebeldía propia del joven que se asoma a la vida y se cree que sabe más que nadie. Me temo que también en esto tienen responsabilidad los gobernantes: hay que lograr un sabio (y difícil) equilibrio entre disfrutar de derechos y asumir obligaciones. Hoy parece que solamente hay derechos. Se hace creer que la cultura cae por la chimenea; nuestros jóvenes no leen un libro por si les hace daño. No se les ponen deberes no vaya a ser que se cansen. El contenido de los planes de estudios se reduce a límites que rozan la ignorancia institucionalizada, no sea que vayan a memorizar demasiadas cosas y eso les perjudique. Para qué la selectividad, que traumatiza a unos pobres zanguangos casi veinteañeros.
La única forma de limar la posibilidad de esa violencia es la cultura y la educación. Y eso, hoy, querido amigo, no se lleva. Ahí tienes cuando se corrige a alguien que destroza la gramática española (ya sólo escriben sms en los móviles) y te sueltan que escriben así porque les da la gana. Eso (que es un brote de cierta forma de violencia) encubre una ignorancia alarmante, y admitida.
Lo de la violencia en el fútbol me asombra. Lo primero, porque como no me gusta el fútbol, me parece ridículo que alguien sea capaz de vociferar y agredir al prójimo o a la prójima porque un señor meta una pelotita en un habitáculo cubierto con una red. Supongo que es una forma como otra de airear sus frustraciones.
¿Recuerdas lo del panem et circenses? Pues eso.
Saludos,