Publicado: 27 Ago 2006 10:01
Esta gente de la que hablamos tiene una impunidad espeluznante para actuar. Y lo saben.
He sido testigo varias veces en ruedas de reconocimiento como la víctima -tanto de una agresión como de un robo- renuncia a reconocer al culpable manifestando su miedo a las represalias, mientras que funcionarios judiciales manifiestan su apoyo y comprensión a esa postura. El desaliento que producen estos casos sobre la policía es enorme, juégate el físico para detener a unos atracadores de bancos, para que los bancarios atracados se inhiban y les pongan en libertad. Menuda inyección de moral.
El punto de vista de los representantes de las instituciones es que estos problemas son un "daño colateral" perfectamente asumible.
Por ejemplo, una jueza hace tiempo me decía que los hurtos, atracos, intimidaciones y demás eran un "impuesto" que debíamos de pagar por vivir en un Estado de Derecho. El problema es que el impuesto por tener el nivel de vida que lleva no lo paga ella ni la gente de su clase -que viven en buenas zonas, con seguridad privada, aparcamientos protegidos, etc.- sino la clase trabajadora que tiene que codearse con esta gentuza. Por cierto, cuando a esa jueza la robaron pertenencias suyas del coche removió cielo y tierra para encontrarlas, porque aquello era "distinto", era "personal".
El quid de la cuestión está, creo yo, en la educación. No en la de esta gente, sino en la nuestra.
Tratando del exterminio de los judios en la Alemania nazi, Eli Wiesel dijo algo así como que los malos triunfan cuando los menos malos no hacen nada, refieriéndose a la cantidad de personas que no eran fanáticos antisemitas pero prefirieron mirar a otro lado cuando sus vecinos judios eran llevados a campos de concentración.
Somos más que esta gente, más inteligentes, tenemos más medios, y miramos para otro lado. Los españolitos de hace dos generaciones aún conservaban otros valores y dificilmente hubieran consentido ver a una mujer vejada o violada en sus narices sin hacer nada. Al eliminar valores como la "caballerosidad" por añejos y machistas, quizás hemos descartado algunos como la decencia básica.
Según leo más sobre criminología, más claro me va quedando que los crímenes no se cometen por una persona aislada, sino que la manada es la unidad mínima operativa. Y aparte de la manada, que aunque físicamente pueda no estar presente en el momento de los hechos, pero si proporcionando una escala de valores, motivos, justificación, entrenamiento y "know-how" al agresor, en el crimen hay más actores. El mobbing en el trabajo, el bullying en las instituciones educativas son posibles según los estudios recientes del tema gracias a la figura de los "testigos mudos", aquellos no pertenecientes a la manada acosadora pero que se limitan a guardar silencio, a mirar hacia otro lado, a hacer sentir a la víctima como una apestada.
En criminología, se habla de "victimización primaria": aquella que sufre la victima al sufrir la agresión, pero también de "victimización secundaria", que es la violencia psíquica que sufre al contacto con policías, juzgados, instituciones en teoría encargadas de velar por sus derechos. Y de "victimización terciaria", que es la que se experimenta a manos de amigos, vecinos y entorno social tras la agresión. Aquel que haya estado en el punto de mira de una manada de malhechores, con seguridad ha pasado por ser abandonado, despreciado, estigmatizado por amigos, vecinos, hasta familiares.
Somos cobardes en el trabajo, en la escuela y universidad, somos cobardes frente a las cuadrillas de ladrones y e******* de guante blanco y los corruptos, y naturalmente, somos cobardes en la calle. Somos los "testigos mudos", los responsables de cada acto criminal que contemplamos sin mover un dedo para impedirlo.
Según las organizaciones delictivas de las que hablamos se vayan organizando mejor, asistiremos si no está ya aquí a la instauración de una verdadera "ley del silencio" que garantice la impunidad de esta gente. Y estas bandas juveniles se están convirtiendo en "soldados" o mano de obra para otro tipo de manadas, las de guante blanco, oficiando de mamporreros para aquellos que no quieren mancharse las manos. Empiezan a abundar los casos en que un "empresario" solventa sus asuntos mandando una manada del tipo que nos ocupan a la persona molesta.
Las víctimas de las bandas callejeras serán los de siempre, los más desprotegidos, enrte ellos los niños y adolescentes, a los que no quedará más remedio -en casos extremos, para su supervivencia física- que intentar entrar en una de estas bandas y hacer suyos sus códigos de valores, sus ritos de iniciación y de paso.
O por reacción, crear sus propias manadas; preveo que cada vez será más y más frecuente ver a adolescentes portando simbolos neonazis y defendiendo valores racistas mandando un mensaje al mundo de "ojo_que_yo_también_soy_peligroso". Los lobos del nazismo están esperando con brazos abiertos a aquellos que no sean "latinos", ni musulmanes, ni de origen "subsahariano", y quieran integrarse en una manada y en vez de ser "víctimas", proyectar a su vez miedo e intimidación.
Así que aquellos que no estén de acuerdo con el que la gente decente use de su sagrado derecho a la legítima defensa propia y de terceros tachándola de "solución fascista", que no se preocupen. Pronto verán "soluciones fascistas". De las de verdad.
Quizá esté todavía en nuestras manos el evitarlo.
Un saludo.
He sido testigo varias veces en ruedas de reconocimiento como la víctima -tanto de una agresión como de un robo- renuncia a reconocer al culpable manifestando su miedo a las represalias, mientras que funcionarios judiciales manifiestan su apoyo y comprensión a esa postura. El desaliento que producen estos casos sobre la policía es enorme, juégate el físico para detener a unos atracadores de bancos, para que los bancarios atracados se inhiban y les pongan en libertad. Menuda inyección de moral.
El punto de vista de los representantes de las instituciones es que estos problemas son un "daño colateral" perfectamente asumible.
Por ejemplo, una jueza hace tiempo me decía que los hurtos, atracos, intimidaciones y demás eran un "impuesto" que debíamos de pagar por vivir en un Estado de Derecho. El problema es que el impuesto por tener el nivel de vida que lleva no lo paga ella ni la gente de su clase -que viven en buenas zonas, con seguridad privada, aparcamientos protegidos, etc.- sino la clase trabajadora que tiene que codearse con esta gentuza. Por cierto, cuando a esa jueza la robaron pertenencias suyas del coche removió cielo y tierra para encontrarlas, porque aquello era "distinto", era "personal".
El quid de la cuestión está, creo yo, en la educación. No en la de esta gente, sino en la nuestra.
Tratando del exterminio de los judios en la Alemania nazi, Eli Wiesel dijo algo así como que los malos triunfan cuando los menos malos no hacen nada, refieriéndose a la cantidad de personas que no eran fanáticos antisemitas pero prefirieron mirar a otro lado cuando sus vecinos judios eran llevados a campos de concentración.
Somos más que esta gente, más inteligentes, tenemos más medios, y miramos para otro lado. Los españolitos de hace dos generaciones aún conservaban otros valores y dificilmente hubieran consentido ver a una mujer vejada o violada en sus narices sin hacer nada. Al eliminar valores como la "caballerosidad" por añejos y machistas, quizás hemos descartado algunos como la decencia básica.
Según leo más sobre criminología, más claro me va quedando que los crímenes no se cometen por una persona aislada, sino que la manada es la unidad mínima operativa. Y aparte de la manada, que aunque físicamente pueda no estar presente en el momento de los hechos, pero si proporcionando una escala de valores, motivos, justificación, entrenamiento y "know-how" al agresor, en el crimen hay más actores. El mobbing en el trabajo, el bullying en las instituciones educativas son posibles según los estudios recientes del tema gracias a la figura de los "testigos mudos", aquellos no pertenecientes a la manada acosadora pero que se limitan a guardar silencio, a mirar hacia otro lado, a hacer sentir a la víctima como una apestada.
En criminología, se habla de "victimización primaria": aquella que sufre la victima al sufrir la agresión, pero también de "victimización secundaria", que es la violencia psíquica que sufre al contacto con policías, juzgados, instituciones en teoría encargadas de velar por sus derechos. Y de "victimización terciaria", que es la que se experimenta a manos de amigos, vecinos y entorno social tras la agresión. Aquel que haya estado en el punto de mira de una manada de malhechores, con seguridad ha pasado por ser abandonado, despreciado, estigmatizado por amigos, vecinos, hasta familiares.
Somos cobardes en el trabajo, en la escuela y universidad, somos cobardes frente a las cuadrillas de ladrones y e******* de guante blanco y los corruptos, y naturalmente, somos cobardes en la calle. Somos los "testigos mudos", los responsables de cada acto criminal que contemplamos sin mover un dedo para impedirlo.
Según las organizaciones delictivas de las que hablamos se vayan organizando mejor, asistiremos si no está ya aquí a la instauración de una verdadera "ley del silencio" que garantice la impunidad de esta gente. Y estas bandas juveniles se están convirtiendo en "soldados" o mano de obra para otro tipo de manadas, las de guante blanco, oficiando de mamporreros para aquellos que no quieren mancharse las manos. Empiezan a abundar los casos en que un "empresario" solventa sus asuntos mandando una manada del tipo que nos ocupan a la persona molesta.
Las víctimas de las bandas callejeras serán los de siempre, los más desprotegidos, enrte ellos los niños y adolescentes, a los que no quedará más remedio -en casos extremos, para su supervivencia física- que intentar entrar en una de estas bandas y hacer suyos sus códigos de valores, sus ritos de iniciación y de paso.
O por reacción, crear sus propias manadas; preveo que cada vez será más y más frecuente ver a adolescentes portando simbolos neonazis y defendiendo valores racistas mandando un mensaje al mundo de "ojo_que_yo_también_soy_peligroso". Los lobos del nazismo están esperando con brazos abiertos a aquellos que no sean "latinos", ni musulmanes, ni de origen "subsahariano", y quieran integrarse en una manada y en vez de ser "víctimas", proyectar a su vez miedo e intimidación.
Así que aquellos que no estén de acuerdo con el que la gente decente use de su sagrado derecho a la legítima defensa propia y de terceros tachándola de "solución fascista", que no se preocupen. Pronto verán "soluciones fascistas". De las de verdad.
Quizá esté todavía en nuestras manos el evitarlo.
Un saludo.