Publicado: 24 Mar 2006 16:37
¡Cha gracias por el vídeo!
Algo falla, algo falla, pero ¿que?,
El karate no nace en Okinawa como un producto comercial, pero al llegar a occidente debe adaptarse y terminar siendo un producto a vender.
En el caso de la universidades japonesas del S. XX lo que sucede es que estas instituciones están fundadas también en premisas de ilustración occidental, y por tanto es que debe dársele una función utilitaria, de ahí el deportivismo que se da en ellas después de Funakoshi.
En occidente tenemos una visión excesivamente materialista, y nos ponemos siempre en la necesidad de encontrarle una utilidad a cada cosa, nos preguntamos, y bueno para qué la práctica del karate, pues bueno para defendernos, o bien para mejorar nuestra salud y de paso ganar alguna medallita, también puede ser visto como una profesión, ya sea para competir o bien para enseñar, o las dos cosas.
Esta imperiosa necesidad de hallarle sentido y utilidad práctica de inmediato, a todo lo que hacemos es muy propia de la cultura occidental, y por cierto esto también ya empezamos a verlo en oriente.
Esta característica provoca la necesidad de la masificación, y qué significa esto, que al masificarse el karate por razones económicas es que también se hace mucho más superficial, sin ahondar más allá de la simple actividad física.
Se evita un trabajo serio para no dejar que se vayan los flojines.
Mientras más alumnos cuánto mejor.
Conozco instructores haciendo clases a cuarenta o cincuenta alumnos en diferentes horarios, pasan por su dojo gente de la cual ni conoce su nombre, la práctica se despersonaliza, el karate se produce como artículo en línea, y finalizan apurando a los que terminan para que entren los que siguen.
Algunos piden postura sazen y luego gritan ¡mokusoo! (meditación), todo el mundo se queda en sazen con los ojos cerrados sin ni pajonera idea de qué se trata.
Son casos extremos, claro esta, y habrá excepciones sin lugar a dudas.
Entonces el problema pasa por la masificación utilitaria que se hace del karate.
Sin embargo yo soy muy optimista en esto.
No me importa lo que piensan las entidades estatales que subvencionan a las grandes federaciones.
Primero porque ven al karate con el mismo prisma con que ven al basqueball
y segundo porque sus decisiones pasan por una cuestión de interés sociopolítico con énfasis en lo publicitario.
Tampoco me importa lo que piensan las federaciones por las razones que expone Antonio:
La federación no quiere ni oír hablar de esa clase de cosas, entre otras razones, por que sus directivos, salvo tal vez alguna excepción, esa clase de Karate ni la han olido. Personalmente pienso que un cambio en esa dirección les aterroriza y se oponen con uñas y dientes.
Y digo que soy optimista porque aunque la masificación del karate dio origen a una serie de problemas de mala interpretación del arte, y por tanto de desfiguración, es que también dio oportunidad para que se conociese y se expandiera, aunque solo hemos visto la sombra de algo, pero ya sabemos que existe KARATE, de nosotros depende si nos abrazamos de la sombra que se ve, o si bien encontramos a ese algo mismo que la proyecta.
Paul
Algo falla, algo falla, pero ¿que?,
El karate no nace en Okinawa como un producto comercial, pero al llegar a occidente debe adaptarse y terminar siendo un producto a vender.
En el caso de la universidades japonesas del S. XX lo que sucede es que estas instituciones están fundadas también en premisas de ilustración occidental, y por tanto es que debe dársele una función utilitaria, de ahí el deportivismo que se da en ellas después de Funakoshi.
En occidente tenemos una visión excesivamente materialista, y nos ponemos siempre en la necesidad de encontrarle una utilidad a cada cosa, nos preguntamos, y bueno para qué la práctica del karate, pues bueno para defendernos, o bien para mejorar nuestra salud y de paso ganar alguna medallita, también puede ser visto como una profesión, ya sea para competir o bien para enseñar, o las dos cosas.
Esta imperiosa necesidad de hallarle sentido y utilidad práctica de inmediato, a todo lo que hacemos es muy propia de la cultura occidental, y por cierto esto también ya empezamos a verlo en oriente.
Esta característica provoca la necesidad de la masificación, y qué significa esto, que al masificarse el karate por razones económicas es que también se hace mucho más superficial, sin ahondar más allá de la simple actividad física.
Se evita un trabajo serio para no dejar que se vayan los flojines.
Mientras más alumnos cuánto mejor.
Conozco instructores haciendo clases a cuarenta o cincuenta alumnos en diferentes horarios, pasan por su dojo gente de la cual ni conoce su nombre, la práctica se despersonaliza, el karate se produce como artículo en línea, y finalizan apurando a los que terminan para que entren los que siguen.
Algunos piden postura sazen y luego gritan ¡mokusoo! (meditación), todo el mundo se queda en sazen con los ojos cerrados sin ni pajonera idea de qué se trata.
Son casos extremos, claro esta, y habrá excepciones sin lugar a dudas.
Entonces el problema pasa por la masificación utilitaria que se hace del karate.
Sin embargo yo soy muy optimista en esto.
No me importa lo que piensan las entidades estatales que subvencionan a las grandes federaciones.
Primero porque ven al karate con el mismo prisma con que ven al basqueball
y segundo porque sus decisiones pasan por una cuestión de interés sociopolítico con énfasis en lo publicitario.
Tampoco me importa lo que piensan las federaciones por las razones que expone Antonio:
La federación no quiere ni oír hablar de esa clase de cosas, entre otras razones, por que sus directivos, salvo tal vez alguna excepción, esa clase de Karate ni la han olido. Personalmente pienso que un cambio en esa dirección les aterroriza y se oponen con uñas y dientes.
Y digo que soy optimista porque aunque la masificación del karate dio origen a una serie de problemas de mala interpretación del arte, y por tanto de desfiguración, es que también dio oportunidad para que se conociese y se expandiera, aunque solo hemos visto la sombra de algo, pero ya sabemos que existe KARATE, de nosotros depende si nos abrazamos de la sombra que se ve, o si bien encontramos a ese algo mismo que la proyecta.
Paul